Tazas con asa y platito dorado

También llamada Kintsukuroi, el Kintsugi es una técnica milenaria nacida en Japón mediante la cual se da una segunda oportunidad a los objetos rotos, normalmente vajillas o piezas de cerámica, gracias a la unión de los pedazos con laca de oro, plata o platino. Es todo una metáfora, ya que embellecer las cicatrices de un objeto significa darle una nueva vida, una identidad estética diferente, como curar las heridas emocionales, no escondiéndolas, sino aceptándolas y embelleciéndolas.  

Otro concepto que relaciona lo espiritual con la decoración y cuyos resultados no pueden ser más perfectamente imperfectos. ¿Te animas a incorporar piezas inspiradas en el kintsugi en tu menaje del hogar

¿Cómo nació el Kintsugi? 

El término kintsugi significa “remiendo de oro”. En Japón, las reparaciones con laca se remontan al período Jōmon, antes del siglo IV A.C. La técnica cobró importancia en el período Muromachi, entre los siglos XIV-XV, gracias la forma artística de kintsugi, al mismo tiempo que también se desarrollaba la ceremonia japonesa del té. Cuenta la leyenda que un gobernador designado por el emperador llamado Ashikaga Yoshimasa envió a China una de sus tazas de té favoritas para que se la restauraran. El método empleado para recuperarla no le gustó, ya que se utilizaron grapas metálicas, que no solo eran antiésteticas, sino poco efectivas, porque el líquido se escapaba por las ranuras. 

Así que, el shōgun ordenó a artesanos japoneses que buscaran una solución que embelleciera la taza, empleando un barniz con polvo de oro que convertía el nuevo recipiente en algo más bello y duradero que el original.  

A raíz de los terremotos de Tōhoku (2011) y Kumamoto (2016), el kintsugi ha resurgido con fuerza en el país nipón, multiplicándose los talleres que lo imparten. Tras las pérdidas humanas y materiales, las personas se aferraran a ciertos objetos que han sobrevivido a los desastres y tienen un especial significado para ellos. 

Pon en práctica el Kintsugi en tu casa 

Si tienes una taza, cuenco o plato con valor sentimental que desees reparar, lo primero que necesitarás será una laca especial para unir los trozos. El kintsugi tradicional usa hon-urushi (literalmente, ‘laca genunina’), pero actualmente es más habitual utilizar shin-urushi (‘nueva laca’). 

Hon-urushi o laca japonesa es una pintura natural hecha mediante la savia del comúnmente conocido como “roble de la laca” que crece en el este de Asia. Posee un color singular pero su manipulación debe realizarse por manos expertas y cuidadosas, ya que puede causar una reacción alérgica cuando todavía está húmeda. 

El shin-urushi sintético es el sustituto perfecto, ya que el acabado es muy similar al de la laca real, pero es mucho más fácil de manejar. No es sencillo de encontrar, pero se vende ya preparado y listo para aplicar. La cerámica en la que se haya usado hon-urushi o shin-urushi no se puede poner en el horno, microondas o lavavajillas, ni se puede limpiar con detergentes abrasivos. 

También puedes optar por preparar tú la laca. Si te animas con este DIY, necesitarás: 

  • Pegamento para cerámica 
  • Resina epoxi 
  • Polvos de mica 
  • Pintura acrílica en el color que más te guste 
  • Un palito de madera o un pincel fino 
  • Papel de lija de grano 400 

Paso a paso: 

  1. Limpia bien las piezas a unir. 
  2. Mezcla unas gotas de pegamento, la resina, los polvos y la pintura acrílica, hasta que quede una pasta bien ligada. 
  3. Aplica con un pincel o palito de madera la sustancia resultante en los bordes del objeto a unir. 
  4. Junta con cuidado los trozos hasta que queden bien unidos. 
  5. Lija la superficie para quede totalmente homogénea. 
  6. El proceso de secado puede durar días o semanas. En esta filosofía se entiende como el tiempo necesario para que las heridas emocionales se cierren por completo. 

Piezas nuevas inspiradas en el Kintsugi 

Actualmente existen vajillas completas, totalmente nuevas, inspiradas en esta técnica. Artistas como el francés de origen armenio Sarkis Zabunyan, que creó una vajilla para Bernardaud, coincidiendo con el 150 aniversario de la firma de porcelanas francesa, han puesto de moda el kintsugi.  

La ley de las segundas oportunidades 

Una lección que podemos extraer del kintsugi es que lo antiguo merece una segunda oportunidad, una segunda vida. Reciclar puede ser un arte, así que rescatar del pasado puertas antiguas y convertirlas en originales cabeceros, por ejemplo, o muebles heredados, restaurándolos con mimo, es una opción fantástica. Por ello, cuando algo se rompe, en vez de sustituirlo por algo nuevo, piensa en esta filosofía japonesa.

Dale un valor añadido a tus platos (o cuencos) rotos con el Kintsugi. Tu menaje del hogar cobrará un nuevo significado. 

Aprecia lo imperfecto como los japoneses