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Influenciado por Le Corbusier y el movimiento moderno, e inspirado por sus viajes a Europa y al norte de África, así como por su infancia en contacto con la naturaleza y el terreno mexicanos, Luis Barragán consiguió crear un estilo propio y característico, donde las formas simples y minimalistas, la intensidad y el contraste de colores, la luz y el agua son los protagonistas. Barragán fue uno de los más reconocidos arquitectos del siglo XX y el único mexicano en conseguir el premio Pritzker, el conocido como “nobel de la Arquitectura”. Sigue leyendo y déjate cautivar por uno de los diseñadores de estilo moderno, cuya obra supone una de las bases de la arquitectura en la actualidad.

Las raíces mexicanas y el movimiento moderno en la obra de Barragán

Si alguien ha sabido combinar a la perfección las raíces mexicanas con la modernidad en un mismo espacio, ese fue, sin duda, Luis Barragán. De la arquitectura vernácula mexicana reconocemos en la obra de Barragán las formas simples, los gruesos y rugosos muros y los materiales naturales, como la madera o la piedra volcánica. De la cultura y el paisaje mexicano también destacan la elección de los colores intensos. Del movimiento moderno, también conocido como Racionalismo o Estilo Internacional, Barragán adopta las líneas y diseños simples, abstractos y funcionales y materiales como el hormigón, el vidrio o el acero.

A partir de su etapa madura, la arquitectura de Barragán es un auténtico juego de luces, formas y planos. Apuesta por los espacios amplios y minimalistas, con una especial atención al uso del agua y sus reflejos y un llamativo contraste de colores intensos y penetrantes, entre los que predominan el rosa mexicano y el amarillo dorado, además del naranja calabaza, los ocres, el rojo intenso y el azul violeta. No utiliza, sin embargo, los verdes, pues Barragán piensa que el verde lo proporciona la propia naturaleza. Los colores no son escogidos al azar, sino que estos dependen de la luz y del estado de ánimo que Barragán quiera proyectar con ellos en cada espacio.

Dos viajes por Europa que determinaron el estilo de Barragán

Primera etapa: la influencia de los jardines mediterráneos y la arquitectura mudéjar

Tras terminar los estudios de ingeniería y arquitectura en 1924, un joven Luis Barragán, procedente de una familia mexicana adinerada, emprende un viaje por Europa. En este, Barragán se vio impresionado por la arquitectura y los jardines del Generalife y la Alhambra de Granada y las villas italianas de la costa mediterránea. También, durante dicho viaje, Barragán acudió a la Exposición de Artes decorativas de París, donde conoció el trabajo del paisajista Ferdinand Bac y su visión del paisaje y los jardines mediterráneos. Lo cual hizo que despertara en él un gran interés por la arquitectura de paisaje.

De vuelta a Guadalajara, su primera obra fue la remodelación de la casa del abogado Robles León, amigo de su padre. Robles León quedó tan encantado con el resultado que encargó otros trabajos al joven arquitecto, con los que fue ganando fama y clientes. De esta etapa destaca también la casa González Luna.

En estas viviendas Barragán incorporó algunos elementos de influencia árabe del sur de España como los arcos, las celosías, los patios, las fuentes…

Segunda etapa: Barragán sucumbe al movimiento moderno

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En 1930, Barragán emprende un nuevo viaje por Europa, donde conoce personalmente a Le Corbusier y queda impresionado por la nueva tendencia de la arquitectura moderna. A partir de ese momento, Barragán sucumbe a la tendencia del movimiento moderno, que queda reflejado en el resto de su obra.

En 1936, se trasladó a Ciudad de México. Tras trabajar en el diseño y construcción de varias viviendas, compró unos terrenos con los que poder experimentar a sus anchas sin la presión de los clientes. Entre ellos, uno llamado El pedregal de San Ángel, que adquirió en copropiedad con el empresario José Alberto Bustamante. En este terreno de roca volcánica, Barragán diseñó una urbanización con amplios jardines y obras ornamentales y estableció unas normas para que los futuros propietarios se comprometiesen a adoptar una arquitectura en armonía con el paisaje. Entre las casas diseñadas por Barragán en esta urbanización destaca la Casa Pedregal, anteriormente llamada Casa Prieto. La urbanización conocida como “Jardines del Pedregal” sigue siendo a día de hoy una de las más exclusivas de la capital mexicana.

De esta segunda etapa clave de su obra, destacan la Casa Gálvez, la Casa estudio Luis Barragán y la reconstrucción del convento de las Capuchinas. Además, en 1957, Barragán fue invitado por la empresa que desarrolló la llamada Ciudad Satélite para construir un monumento símbolo de la urbanización, que llevó a cabo en colaboración con el escultor Mathías Goeritz.

En 1974, Barragán construyó la última obra que llegó a terminar íntegramente: la Casa Gilardi. Dos años más tarde, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) presentó la primera exposición sobre la obra de Barragán, lo que le lanzó a la fama internacional. Así, en 1980, recibió el máximo reconocimiento internacional en arquitectura, el premio Pritzker. A este siguieron otros premios de reconocido prestigio en su país como el Premio Nacional de Arquitectura en 1987.

Un año más tarde, afectado por la enfermedad de Parkinson, Barragán murió en Ciudad de México. Sus restos fueron enterrados en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, un monumento erigido junto a la catedral de Guadalajara, su ciudad natal, para rendir homenaje a personajes destacados oriundos de la ciudad.