planta plantada en una mano

El impacto de nuestra actividad día adía genera unos residuos que debemos gestionar para que no terminen en la tierra o el mar, para que todos estos residuos no perjudiquen nuestro medio ambiente. Y por lo que muestran los datos está claro que algo no hacemos bien. Por eso queremos hablar de la huella ecológica, de cómo calcularla y qué hacer para reducirla. 

¿Qué es la huella ecológica? 

Cada persona del mundo produce y genera unos residuos. Los residuos son variados y cuantiosos. No estamos hablando solo de residuos orgánicos, sino también de la energía que gastamos para realizar nuestras actividades. Luego depende de la actividad profesional que desempeñe cada uno, generará más o menos residuos. El sector industrial es, sin duda, uno de los que más residuos genera y que más tiene que esforzarse para reducir su volumen y minimizar riesgos para que no terminen siendo contaminantes. El sector de la construcción es precisamente uno de estos sectores industriales que genera más residuos. La sostenibilidad de este planeta depende en gran medida a cómo vayamos a construir en los próximos años. 

El problema no está, pero en la generación de estos residuos sino en el que la producción de estos es más que los recursos naturales que destinamos. Es decir que los habitantes de los países desarrollados estamos viviendo por encima de las posibilidades de regeneración ecológica y disminuyendo cada año la capacidad planetaria de sostenernos. Y eso es básicamente la huella ecológica

¿Pero exactamente, qué es la huella ecológica? Esta determina el impacto que cada persona tiene en la falta de recursos naturales del planeta. El cálculo se realiza sobre hectáreas pues lo que se compara son las hectáreas de residuos que una persona genera frente a las hectáreas que el planeta suministra a cada persona.  

Cómo calcularla 

El cálculo de la huella ecológica es complejo. Se realiza sobre cinco dimensiones: 

  • Superficie artificializada, es decir aquellas hectáreas usadas para ser urbanizadas, para infraestructuras o centros de trabajo. 
  • Superficie necesaria para conreos. 
  • Superficie necesaria para ganado. 
  • Superficie marina apta para la pesca. 
  • Superficie de bosque necesaria para generar suficiente CO2 

Aunque en muchos casos sus resultados son imperfectos , este indicativo es relevante para evaluar la salud del planeta.  

Hay en el entorno online muchas calculadoras que permiten el cálculo de la huella ecológica de una persona. Se trata de cuantificar el consumo de recursos en tu día a día y corregir tus rutinas para fomentar una mayor sostenibilidad en el planeta. Quienes te dan una respuesta más fiable son la institución del Global Footprint Network quienes plantean una encuesta a través de cinco categorías:  

  • Comida. 
  • Vivienda. 
  • Movilidad. 
  • Bienes. 
  • Servicios. 

Cómo reducir la huella ecológica 

Cada uno puede aportar su grano de arena en la cursa contra el cambio climático y para eso son imprescindibles actuaciones sostenibles en el día a día. Estas son algunas de las prácticas más habituales para reducir la huella ecológica personal: 

  • En tu casa: Usa bombillas de bajo consumo, procura disponer de ventanas de doble cristal, tener tu casa bien aislada para que no haya fugas energéticas, usar aparatos de eficiencia energética y reciclar todo lo que consumas. 
  • Cuando te desplaces: el transporte sostenible significa usar el transporte público para reducir el número de automóviles en la carretera, no conducir coches contaminantes, caminar o usar la bicicleta o el patinete. 
  • A la hora de comer: Comprar alimentos locales y de temporada (Km 0), consumir alimentos de producción ecológica, reducir el consumo de carne, evitar los alimentos procesados o que contienen aceite de palma. 

La bioconstrucción, el aliado para reducir la huella ecológica 

Las casas actualmente son un amasijo de cemento y hierro y se ha demostrado que no son las más saludables para sus habitantes. Es por eso que en los últimos años se ha sentido un gran impulso en la bioconstrucción, cuyo objetivo es el de crear hábitats saludables y cómodos que se conviertan en nuestros aliados.  

Una casa construida bajo criterios de la bioconstrucción debe estar construida con materiales ecológicos. Estos materiales deben favorecer un mayor ahorro energético y una mayor durabilidad que permita un mejor mantenimiento de la estructura. Una casa ecológica se construye es esencialmente sobre piedra, bloques y ladrillos de cerámica, adobe de tierra, madera o paja. ¡Es como volver a las casas de nuestros abuelos!  

Pero hay un aspecto muy importante para cualquier bioconstrucción: el aislamiento. Aislar bien una caja de las temperaturas extremas, así como de los ruidos externos es cada vez más importante para preservar una buena salud en el hábitat. Y para ello podemos usar materiales naturales como corcho, celulosa, fibras vegetales (cáñamo, madera, lino, fibra de coco, paja y algodón).  

De igual manera, es vital disponer de unas buenas ventanas, puertas y vigas, parte muy importante de la estructura de una casa y que sean de madera certificada (proveniente de talas controladas y de km 0).  

¿Y para pintar? Hay que tener en cuenta que las pinturas y barnices sean naturales, transpirables y que no emitan gases tóxicos. Las pinturas naturales son aquellas que están hechas principalmente de aceites vegetales, sobre todo de lino, resinas naturales y caseína. ¡La bioconstrucción libera tus paredes de los tóxicos de los disolventes y los elementos químicos! 

Reduce la huella ecológica con bombillas de bajo consumo y productos ecológicos