Mujer reportera con una camara

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Una jornada instituida en 1975 para conmemorar los esfuerzos que la mujer hace día a día por alcanzar la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Para que la cosa se equilibre, trabajo no nos falta. 

Aunque el concepto de Superwoman parece un término superpositivo para definir a la mujer trabajadora es realmente una trampa. Tras la carrera de obstáculos que ha supuesto el camino de la mujer hacia el mercado laboral, existe el gran peso de tener que ser la profesional perfecta, la madre presente, la ama de casa ideal, la pareja atenta, la amiga constante… La mujer debe llegar a todo y no morir en el intento. Y es que otra de las epidemias actuales a las que tenemos que hacer frente es la del ‘Síndrome de la Superwoman’, un trastorno ya identificado que conlleva estrés por querer ser y estar perfecta en todos los ámbitos de la vida y la sociedad. Parece que por ser mujer tengamos que justificarnos mucho más que los hombres, cobrando menos en la mayoría de ocasiones realizando el mismo trabajo. 

Vamos a dejar las cosas claras 

Pues va a ser que no, amigas. Porque, aunque el papel de la mujer trabajadora ha evolucionado mucho, todavía queda un buen trecho por conseguir. Porque la desigualdad de la mujer se sigue dando: en el trabajo con menores salarios, dificultades de acceso al empleo, peores condiciones laborales, menores pensiones, dificultades para desarrollar la maternidad, y así un largo etcétera. No podemos “ir tirando” y mirar hacia otro lado porque, al final, la realidad siempre se acaba imponiendo y, por lo general, el cuidado de familia (niños y mayores) recae en la mujer. Así como el mantenimiento del hogar, haciendo malabarismos entre largas jornadas de trabajo y luego hacer “doblete” en el ámbito doméstico. Porque un hombre no ayuda en casa, sino que hace su parte correspondiente y punto. Corresponsabilidad se llama.  

Un dato: Más del 90 por ciento de los permisos o excedencias para cuidar de los hijos los piden ellas. Esta es, en muchos casos, la única solución para conciliar vida laboral y familiar. Todo un lastre antropológico y cultural. 

Eso sin pasar por alto a las madres solteras y familias monoparentales. Un tipo de madres trabajadoras que todavía tienen más difícil, si cabe, la conciliación laboral.  

Las dificultades de la mujer trabajadora

Según un informe realizado por el sindicato UGT, las mujeres terminaron el 2020 trabajando 51 días gratis con respecto a los hombres. Desde el 11 de noviembre hasta el 31 de diciembre sería el periodo de tiempo estimado en que las mujeres, por el mero hecho de serlo, no percibieron ningún tipo de salario, para constatar la brecha salarial que existe entre géneros. ¿El motivo? El sueldo anual de la mujer es 7.000 euros inferior al de un hombre de media a pesar de desarrollar el mismo trabajo.  

La plena igualdad salarial entre hombres y mujeres es una reivindicación esencial, primordial e inaplazable para la mujer y para toda la sociedad, porque además de ser de justicia social, posibilitaría que el Estado recaudase más ingresos a través de la fiscalidad y de las cotizaciones a la Seguridad Social. 

Sin duda, la brecha salarial es un “temazo”, pero es que, además, está comprobado que las mujeres tienen más dificultades para acceder a puestos de trabajo. Ellas tienen una tasa de actividad diez puntos inferior a la de ellos. 

Cambios positivos para la mujer trabajadora 

Menudo panorama, estarás pensando. Sin embargo, tenemos cambios legislativos que, en teoría, tienen que permitir romper esta brecha salarial. Por ejemplo, desde 2019 existe en España un real decreto ley que reconoce al trabajador el derecho específico a adaptar la duración y la distribución de la jornada laboral en función de sus necesidades vitales. Eliminaría la brecha salarial, que tiene mucho que ver con la reducción de jornada. Hasta ahora se optaba por reducir la jornada y fijar el horario. Eso implicaba una rebaja del salario y de las cuotas a la Seguridad Social. Ahora la ley dice al trabajador que no necesita reducir la jornada ni el salario porque puede distribuir las horas de trabajo en función de sus necesidades vitales. Pero aún está por ver cómo responden las empresas a este cambio. 

La educación juega un papel muy importante en todo esto. En las escuelas necesitamos referentes femeninos para las niñas, referentes en los ámbitos que se han atribuido a la masculinidad, como las ciencias en general. Y necesitamos que las mujeres empiecen a participar en estos ámbitos para evitar organizaciones tan masculinizadas donde hay casos, por ejemplo, de acoso a las mujeres. El movimiento Me too es cada vez más potente y global.  

Las leyes comunitarias proponen que para escoger a una mujer frente a un hombre los dos tienen que tener la misma formación, capacidad y competencia y entonces se escoge el sexo infrarrepresentado. Las cuotas son, en este sentido, una medida necesaria y temporal.  

Otro dato positivo es que la inversión en empresas lideradas por mujeres ha experimentado un progresivo incremento en Europa, si bien la brecha de género sigue estando ahí, y la situación ha empeorado a raíz de la crisis del coronavirus. Un informe publicado por el Banco Europeo de Inversiones sitúa a España en el quinto puesto en financiación a empresas conducidas por mujeres.  

Mujeres con altos cargos en empresas 

La presencia femenina en los consejos de administración de las empresas no llega al 30% de media. Las Naciones Unidas han puesto en marcha el programa “Por un planeta 50-50 en el 2030: damos el paso hacia la igualdad de género”. El objetivo de este proyecto es conseguir la igualdad de género para garantizar los derechos humanos, la justicia y la integración de la diversidad.  

El liderazgo femenino humaniza a la empresa, aportando valores competitivos y solidarios. Actualmente, grandes empresas está capitaneadas por mujeres: Mary T. Barra, presidenta y directora de General Motors Company, Susan Wojcicki, CEO de Youtube, Adena Friedman, CEO de Nasdaq, Helena Helmersson, CEO de H&M, Debra Perelman, CEO de Revlon, Katherine Graham, primera CEO en entrar en la lista Fortune 500 y la primera mujer editora del Washington Post… Mujeres poderosas a las que deben sumarse más y más, hasta el ansiado 50-50. Y es que las mujeres CEO representan solo el 5,3% de estos puestos a nivel mundial, sin embargo, numerosos estudios han demostrado que aumentar la diversidad no solo es lo justo, sino que también conduce a mejores resultados financieros.  

En el sector público, tres cuartos de lo mismo. Basta con echar un rápido vistazo a la fotografía a la última reunión presencial de la Cumbre del G-20 para despejar dudas: los hombres son mayoría en los estamentos más elevados de los gobiernosEn los 194 países soberanos, solo quince estaban dirigidos por jefas de gobierno, y, hasta junio de 2019, solo once contaban con jefas de Estado, según ONU Mujeres, entidad de Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres

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