Mar abierto

De entre una larga hilera de casas de pescador colocadas frente al mar, una pegada con otra, con blanquísimas paredes, destaca una con la puerta roja. Está enclavada en un trozo de esa divina Costa Brava de litoral salvaje e inesperado soplo de tramontana. Desde su porche sombreado, se vive el Mediterráneo.

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Cabaña de luxe

Lázaro Rosa-Violán, responsable del interiorismo, subraya la austeridad de una decoración que nos traslada a las antiguas cabañas de pescadores: “Es una casa sin pretensiones, sencilla, cómoda, para disfrutar del mar y de los amigos. Una casa de pescador que, si bien ya lo parecía, ahora es más auténtica.”

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Azul añil

Los muebles se han pintado del color del casco de los barcos, azul añil o blanco mate. Los sofás, tapizados con fundas antiguas de colchón, rodean una mesa filipina que hace de mesa de centro. En las paredes, cartas marinas reivindican el espíritu viajero del propietario. Un entorno blanquiazul envuelto de cálida madera.

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Espíritu marino

Las brisas marinas se cuelan desde el Mediterráneo para entrar en una especie de camarote de barco, de caja de madera, protegida de la humedad y del viento. Una caja acogedora que encierran paredes de madera de pino pintada y suelos de madera de pino pulido. En la pared, una enorme nasa de pescador de langosta.

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Segunda vida

Todo el mobiliario de la casa cuenta su propia historia. Las mesas de la terraza y la cocina son antiguas mesas de lonja de pescadores; otros de la cocina, con sobre de mármol, fueron en otro tiempo mostradores de pescadería… En la pared, carta marina antigua japonesa y auténticos macutos marineros.

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Calma chicha

La frescura marinera del blanco y el azul se arropan con la calidez de la madera. Un espacio para el relax con el mar presente en todo momento. La cama, hecha a medida con una tarima y un dosel, se ha vestido con unas cortinas que aislan y comunican al mismo tiempo. Las piezas, recuperadas, son recuerdos de viajes.

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A la marinera

El verano es único para recrear ambientes marinos. Los colores se vuelven más vibrantes y la luz más vívida. Conseguir el espíritu marino es cuestión de jugar con los colores del mar: blancos, azules y, para dar calidez, la naturalidad de la madera. Las rayas también son motivo obligado, pero también los objetos recuperados de los antiguos pescadores, como las cortinas hechas con malla de red de pescados o los remos pintados de azul, blanco ¡y rojo! Esta auténtica cabaña de pescador, situada delante de la playa, respira la sal y la bellísima rudeza de los entrañables chinchorros de antaño.

“Utiliza materiales cálidos cuando las dimensiones de la casa y de las piezas que la amueblan son grandes. ”
Délia Fischer, Fundadora de Westwing
Fotos: © Montse Garriga

Aitana Lleonart