Paraíso mediterráneo

Como en medio de la nada, enclavado en una zona natural protegida que cuenta con las mejores playas vírgenes de la Costa Brava, se puede encontrar este delicioso hotel de lujo con nombre malhumorado. La Malcontenta es una mansión rural totalmente restaurada bautizada con el apodo de su antigua propietaria, una mujer popular en la zona por su exigencia e inconformismo.

Fotografías: Albert Font
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Esta casa, una antigua masía fortificada del siglo XIX, fue la casa de su vida. (1y2). Al entrar en el recibidor, la calma absoluta y los años de historia se desprenden de unos muros de piedra originales. El interiorismo, llevado a cabo por el reconocido Lázaro Rosa-Violán, está inspirado en la arquitectura de la villa clásica mediterránea y en la obsesión por el detalle y la perfección que perseguía a su antigua propietaria.

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Una fusión de contrastes atrapa el ojo del visitante: mobiliario de época, una paleta de colores cálidos y detalles refinados se entremezclan con la suntuosidad de los dorados y los tejidos aterciopelados (3). Recorriendo los diferentes espacios, la invasión de un blanco impoluto, suave y cautivador, se hace evidente. Pero no lo hace en un solo estilo. Curvas, arabescos y filigranas se instalan en muebles blancos que sirven de escaparate al mejor de los estilismos. Se trata de la decoración por y para sí misma. Pura ostentación del buen gusto, un bodegón perfectamente cuidado se muestra con descuido. Cristal, cristal y cristal en lisos y tallados. ¿Los objetos? Candeleros y jarrones flanqueados por dos piezas maestras: un enorme candelabro y un jarrón tamaño XXL decorado con simples ramas de laurel. Y al fondo, más cristal: el espejo que todo lo realza y amplía (4).

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Y del rococó estilizado pasamos al rincón de la chimenea, justo y necesario. La clave de la decoración: blancura en textiles, paredes, chimenea, carpintería… ¡En todo! Líneas puras y perfecta simetría sobre un parquet de madera cálido y envolvente (5).

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Los tejidos orgánicos mediterráneos se trasladan también a las zonas comunes amuebladas con piezas de talla grande. Todo aquí es inmenso. El sofá, la mesa de centro, los jarrones. Se trata de piezas rotundas que reafirman la personalidad de una decoración imponente y nada tímida. La pieza clave, el armario chino antiguo pintado en rojo. Una especie de encantador de serpientes en medio de tanta nitidez (6).Los dormitorios siguen jugando a lo grande con piezas importantes. Una cama con dosel de líneas sólidas recorta el espacio con contundencia. Es el carácter de La Malcontenta. Flota en el aire. Por lo demás, blancos y más blancos se extienden en paredes, tejidos y vigas haciendo reverencias a los rojos vívidos de las alfombras (7).

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Y llega el turno al baño. Una imponente bañera de mármol blanco se asienta sobre un pavimento de madera. Calor, frío. Frío calor. Y de nuevo, el toque atrevido del rojo en muebles chinos y en los tejidos de unos cojines que auguran largos baños relajantes con regias cabezas apoyadas en su mullido relleno (8).

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Pero nos esperan más sorpresas. El porche es un guiño al dentro-fuera. Desayunos en el exterior sobre parquets de madera y exóticas alfombras. Y por la noche, se cierra el telón blanco de las cortinas para dar intimidad (9 y 10).

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Antes de irnos, una mirada al paisaje nos recuerda que estamos rodeados de los extensos jardines en el paraje de Torre Mirona. Y más allá, el misterio del Ampurdán, con sus campos interminables y el soplo de la caprichosa tramontana, ese viento de carácter cambiante que se parece un poco al de nuestra anfitriona. Agradecemos su mal carácter y su ese ir contracorriente: porque se detiene cuando todos corren, y escapa cuando todos la buscan… (11) .

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Aitana Lleonart