¿Cómo elegir la bombilla perfecta?

Con la desaparición de la bombilla incandescente y la introducción de nuevas tecnologías en iluminación, parece que cada vez nos asaltan más dudas a la hora de elegir una bombilla. Te enseñamos qué preguntas debes hacerte para acertar a la primera.

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Desaparición de la luz incandescente

Demasiado fría, demasiado tenue, azul fluorescente, de tono amarillento… Si has tenido que comprar una bombilla últimamente, te habrás dado cuenta de que, desde hace unos años, resulta más complicado de lo que recordabas. La explicación la encontramos en la normativa europea que prohibió en 2012 la fabricación de las bombillas incandescentes. El objetivo era acabar con la iluminación ineficiente, ya que solo el 10% de la energía de este tipo de bombillas se convertía en luz, mientras que el 90% restante era calor. Era una luz maravillosa con la que todos nos sentíamos a gusto, pero su poca eficiencia resultaba totalmente insostenible.

Ahora, por tanto, encontramos en el mercado otras soluciones lumínicas más eficientes (leds, fluorescentes y halógenas) que ya no generan tanto calor por lo que la referencia tradicional de los vatios, con la que nos hemos guiado toda la vida, ya no sirve. Ya no hablamos de vatios, sino de cantidad de luz y, por tanto, debemos tener en cuenta otros factores a la hora de comprar la bombilla.

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Tecnología led

Según la Comisión Europea, la alternativa de bajo consumo que presenta más ventajas es la luz led. Ahorra un 80% de energía respecto a las obsoletas bombillas incandescentes y tienen una duración de años. ¿Cómo debemos leer la etiqueta de este tipo de bombillas? Para conseguir el ambiente deseado, debemos fijarnos en 5 aspectos importantes.

1. Flujo luminoso

Es la cantidad de luz que es capaz de generar una bombilla y se mide en mide en lumens. Entre 350 y 650 lumens vendría a equivaler a esas bombillas que tenemos en mente de 40, 60  o 100 vatios.

2. Temperatura de color

La temperatura de color se mide en grados Kelvin y se refiere a las distintas tonalidades que puede tener una luz: cálida, neutra o fría. Mientras que la primera tiende a ser amarillenta, la luz fría tiene tonos próximos al azul. Si queremos conseguir una iluminación acogedora en la que nos sintamos cómodos, como la que producían las bombillas incandescentes, un rango en el que siempre acertaremos será entre los 2900 y 3000 grados Kelvin.

3. Índice de reproducción cromática (ICR)

El ICR es la capacidad que tiene una bombilla para reproducir fielmente los colores en comparación con una fuente de luz natural como el sol, que equivaldría a un índice 100. Las luces incandescentes tenían una reproducción cromática muy próxima al 100, pero los primeros led solo reproducían entorno al 80, una calidad que tendía a crear una atmósfera un tanto verdosa. Hoy en día la tecnología ha evolucionado y hay leds de mayor calidad. Así, para iluminar una casa, es recomendable no bajar de 85, pero cuanto mayor sea, mucho mejor.

4. Ángulo de apertura

Otro dato muy importante a la hora de elegir una bombilla led es el ángulo de apertura de la luz. Con los ángulos de 40º obtendremos una luz más focalizada, lo que lo convierte en ideal para iluminar puntos concretos. Sin embargo, si queremos iluminar una habitación, necesitaremos un ángulo mayor, entorno a los 100 o 120, lo que conseguirá una luz más homogénea y reducirá al máximo las sombras.

5. Horas de vida

La vida útil de una fuente de luz es el tiempo durante el cual la bombilla funciona sin perder rendimiento luminoso. Dependiendo de la calidad de la bombilla, la vida útil de los led puede sobrepasar fácilmente las 50.000 horas de vida. Pasadas estas horas,  tendrán menos rendimiento, pero seguirán teniendo vida. Dado el alto precio de estas luces, merece la pena elegir bombillas de calidad que duren los máximo posible en el tiempo.

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Luces halógenas

La bombilla halógena es una forma avanzada de la conocida bombilla incandescente. Posee un filamento de tungsteno dentro de un gas inerte y una pequeña cantidad de halógeno, que puede ser: flúor, cloro, bromo, yodo o astato. Se caracteriza por tener una calidad superior de la luz con una excelente reproducción del color, sin embargo, su vida útil se encuentra entre las 4.000 horas y su eficiencia, a pesar de mejorar a las incandescentes, es cinco veces peor que una luz led.

 Fluorescentes compactas

Las bombillas de luz fluorescente compacta (CFL) aprovechan la tecnología de los tradicionales tubos fluorescentes para hacer lámparas de menor tamaño. Generan luz a través de un gas luminiscente y garantizan la misma prestación luminosa con menor consumo. Como tardan unos segundos desde que se encienden hasta que alcanzan toda su luminosidad, conviene colocarlas en espacios donde la luz vaya a estar encendida bastante tiempo, como el salón o la cocina. Su vida útil está entorno a las 8.000 horas de funcionamiento, pero su duración puede verse afectada si se encienden y apagan demasiadas veces seguidas.

Nuria Gutiérrez