Calor de otoño

Las texturas acogedoras en una amplia gama de tostados ayudan a elevar unos cuantos grados la temperatura de la casa. Maderas, lanas, linos, fibras vegetales, pieles y pelo envuelven la casa haciéndola acogedora e íntima. ¿Cómo conseguir que nuestra casa sea así? Aquí te damos las claves.

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Tocar madera

La madera es el símbolo de la calidez decorativa por excelencia. Da igual en qué ambiente se ubique. Esté donde esté transmite una sensación de calor increíble. La más cálida suele ser la de tonos dorados como el nogal o el haya. Sin embargo, cerezos, castaños, caobas, robles e incluso el sencillísimo pino suben la temperatura ambiente.¿Lo mejor de este material? Su naturalidad y su versatilidad. Un mueble de madera no tiene por qué ser clásico. Hay piezas de diseño, muebles escandinavos, rústicos por supuesto o románticos realizados en madera. En fin, es el must por excelencia de la calidez.

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Cuero quiero

La piel, que a veces puede dar una sensación fría cuando está teñida de blanco o rojo, se vuelve acogedora cuando luce en gama de tostados. Chesters, butacas, baúles, cabeceros… Todo ello en un cálido tostado envuelve de calor el espacio que lo rodea. Confortable y moldeable, la piel añade un plus de comodidad en la tapicería. Su mejor baza: gana belleza con el tiempo.

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De pueblo

¿Qué más acogedor que una casa auténtica de pueblo, con techos poblados de vigas de madera, tapicerías de colores cálidos y sillería con asientos de enea? La calidez de este material –que se suma sin duda a su resistencia– lo hace compañero inseparable de la madera a la hora de decorar no solo casas de campo o montaña, sino ambientes urbanos de lo más chic.

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¡Y punto!

Una de las últimas tendencias de Maison&Objet es, de hecho, un clásico de toda la vida. La lana, que rellenaba colchones y tejía colchas, ha vuelto para quedarse con todo tipo de plaids confeccionados como si fueran auténticos jerseys de ochos. Amorosa, gustosa, envolvente e hipercálida, la lana es también un material clave para hacer acogedora la casa este otoño. Nuestra debilidad: beiges y tostados… y bueno, también grises.

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Entre algodones

O linos. O tules. Se trata de dormir con esa sensación de comodidad y protección. Basta recordar esa manera de arroparnos que tenían las madres para imaginar qué tejidos nos pueden dar esa sensación de protección. Dormir “tapado” con tejidos naturales y rodeado de mullidos cojines es esencial a la hora de dar calor al dormitorio. ¿Los colores? De nuevo los del otoño. Tostados, beiges y grises.

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Calor ligero

Si algo tienen las fibras naturales es que van bien con todo en invierno y en verano. Falsamente asociadas con los muebles de exterior, las fibras como el ratán, el mimbre o  la médula cuentan con las ventajas de la madera a la hora de transmitir naturalidad y calidez, pero suman un plus más: la ligereza. Y precisamente este pesar poco es lo que las hace polivalentes en cualquier ambiente. Dales un algodón o un lino crudo y entonces realmente se vuelven irresistiblemente bellas.

Silvia Arenas