Descubre los secretos de La Cenicienta

El clásico cuento de La Cenicienta vuelve de nuevo a las salas de cine de la mano de Walt Disney Pictures en una adaptación más realista que nunca. Bajo la batuta de Kenneth Branagh se reinventa esta historia atemporal de Charles Perrault que cuenta con unos decorados deslumbrantes y un reparto de lujo.

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La actriz británica Lily James interpreta a la mismísima encarnación de la sencillez o, lo que es lo mismo, a Cenicienta. Cate Blanchett borda el papel de la sofisticada, malvada y oscura madrastra. Y el príncipe azul es interpretado por Richard Madden, conocido por su participación en Juego de Tronos. Y todo para dar vida a un cuento que ha emocionado e inspirado a más de una generación. Porque, por suerte para todos, todavía hay quien sigue empeñado en convertir los cuentos de hadas en realidad.

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Vestidos con nombre propio

Cientos de metros de tela y otros tantos de costura dan vida a los vestuarios más llamativos de la película. Y para muestra un botón: para el vestido de ensueño que luce Cenicienta en el salón de baile hicieron falta unos 250 metros de tela y más de 10.000 cristales Swarovski.  Y aunque parezca increíble “ni siquiera es pesado porque se adapta al cuerpo. Además, se sujeta con un montón de enaguas lo que hace que sea muy fácil moverse con él. No es el vestido más recargado y llamativo del baile, pero tenía que destacar entre los asistentes y además ser el más sencillo” dice Lily James, que interpreta a Ella, más conocida con el sobrenombre de Cenicienta.

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El zapato más famoso del mundo

Casi tan importante como su traje son los emblemáticos zapatos de cristal, el elemento más entrañable del cuento original de Charles Perrault. Nada más y nada menos que 150 horas de trabajo y 221 caras de cristal, además de ocho versiones distintas, hacen realidad el mágico calzado. Muchos os preguntaréis como se lo pone la Cenicienta… Pues lo cierto es que no lo hace porque es imponible, ya que el cristal no es flexible. Eso sí, se utiliza como atrezzo en las escenas en las que aparece.

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Las 7 palabras mágicas: bi bi di – ba bi di – bu

A la carrera del vestido más espectacular y con más de un metro de ancho la sigue de cerca Helena Bonham Carter en el carismático papel de Hada Madrina. Y es que satisfacer al imaginario colectivo sobre la apariencia de este entrañable personaje no es tarea fácil. A pesar de que en un primer momento aparece como una anciana mendiga, tras miles de cristales Swarovski y unas 400 luces de LED el personaje más mágico del cuento de hadas cobra vida. Kenneth Branagh asegura que “Helena quería que el vestido llevara alas. Al final, es una combinación de su trabajo y de lo que hacemos en posproducción lo que hace que el Hada Madrina sea brillante y majestuosa a la vez que ingeniosa y excéntrica. Es guapísima, muy atractiva y también muy maternal”.

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El lado oscuro

Para los trajes de la madrastra la diseñadora de vestuario Sandy Powell y la mismísima Cate Blanchett se inspiraron en las grandes leyendas del cine de los años 40, como Marlene Dietrich y Joan Crawford. “Eran mujeres que estaban envueltas en un halo de peligro y misterio” dice la actriz.

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El estilo de la madrastra justifica su forma de ser, muestra al público que tanto ella como sus hijas se están gastando todo el dinero del padre de Cenicienta en ropa para mejorar su posición social. Por eso necesitan vestidos extravagantes y coloridos, para dejar constancia de su belleza exterior. Powell decidió que las hermanastras debían vestir “de forma muy recargada, utilizando las telas más baratas que encontramos” admite.

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Decorados de ensueño

En un innegable afán por hacer del realismo el sello distintivo de la adaptación, el director consigue con astucia que la película evoque la opulencia majestuosa propia de un reino de hadas y que aun y así resulte creíble. ¿El truco? Sin trampa ni cartón: todos los escenarios se construyeron en platós sin añadidos digitales. “El realismo era mi obsesión y siempre prefiero crear platós que puedo tocar. Creo que los actores también lo prefieren a pantallas verdes, les ayuda a meterse en la piel del personaje” admite el director artístico Dante Ferretti.

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Ferretti reconoce que “Ken quería que la película tuviera un aspecto del siglo XIX, lo que nos dio la oportunidad de incorporar estilos arquitectónicos en nuestros diseños. Los personajes viven en lugares que se construyeron siglos antes del entorno en el que se desarrolla la película, y me interesó especialmente el aspecto mágico y opulento del Barroco. Decidí crear un mundo basado en un realismo histórico pero mezclado con la fantasía, ya que quería que el ambiente fuera a la vez creíble y fantástico”.

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La necesidad de mostrar facetas del personaje con la decoración de sus casas y habitaciones es algo que se hace patente en cada escena. Richard Madden dice que “los sets de esta película tienen tanta personalidad como los propios personajes, y eso ayuda a contar la historia de quiénes son en realidad. Ofrecen al público un auténtico festival visual y también son una magnífica inspiración para los actores.”

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En casa de Cenicienta

En el caso de la casa que comparten Ella y la madrastra junto a sus dos hijas el objetivo era que transmitiera calidez “que para el público fuera el símbolo de lo que una familia feliz debe tener. Y Dante ha sabido convertir la casa en un hogar”. Para ello se tuvieron en cuenta todos los detalles, como el papel pintado que hay en casi toda la casa y que se imprimió y diseñó con un estilo burgués, el mismo que desprende Cate Blanchett como madrastra.

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Un castillo de cuento

Los castillos de antaño eran casas enormes, suntuosas y con grandes jardines, con lo que el del filme no podía ser menos. Solo el salón de baile mide 45 metros de largo por 35 de ancho y entre sus decorados incluye suelos de mármol importado, una gigantesca escalera, cortinas de más de un kilómetro y medio de tela. Por si fuera poco, y con la intención de mostrar un despliegue de estilo y elegancia, el salón se completa con 17 enormes lámparas de araña realizadas a medida en Italia, más de tres kilómetros de terciopelo turquesa y unas 16.000 flores de seda. Pero el dato más sorprendente de este escenario es que las 5.000 lámparas de aceite que iluminan el salón fueron encendidas a mano, una a una.

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Las escenas de exterior se rodaron en distintas localizaciones de Londres y sus alrededores para conseguir esa aura de realismo de época que rodea esta nueva adaptación. Para los exteriores de la casa familiar de Ella se trasladaron a un enorme parque en el campo que incluía establos, la fuente y el precioso invernadero en el jardín. Un escenario rústico y con sabor a pueblo que contrasta con los alrededores del castillo, envuelto en jardines espléndidos y fuentes barrocas.

Anna Diaz