El fresco del barrio

Cuando uno se enfrenta a la arquitectura de esta casa, se espera un mobiliario minimalista, austero. Bien, los interioristas del estudio Mestre Paco han preferido dar una inyección de vitalidad al ambiente apostando por colores frescos y juveniles como el pistacho o el fresa. Las estrellas: los cojines y las dos butacas destacadas.

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Me gusta el dulce

Transmitir dulzura a un entorno minimalista es cuestión de color y calor. La cromática ganadora es sin duda la gama de los blancos y toda la paleta de pasteles: los mil rosas, los verdes más frescos, los malvas, los lilas… Colores delicados que ablandan a cualquier “duro” que se les ponga por delante, ya se trate de una arquitectura minimalista y semi-industrial o de materiales duros de pelar como el hierro o el acero.

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Doble o nada

Una doble altura amplía el espacio del salón-comedor y abraza toda la luz que entra por unos ventanales enormes. Vigas de hierro, líneas rectas y materiales fríos crean un escenario serio que se dulcifica con la suavidad de los colores pastel y detalles delicados como los centros de flores silvestres en jarrones clásicos o de diseño y el predominio de la madera clara.

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Iron house

El hierro es uno de los materiales más utilizados en la casa. Personal e imponente, aparece en techos, carpintería y mobiliario subrayando el corte arquitectónico del ambiente. Una vez más, serán las maderas y los colores los que “quiten hierro” al asunto junto al suelo, un mármol travertino con cálidas losetas XXL.

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Ligerezas

Frente a la rotundidad del escenario, los muebles flotan ligeros como plumas… ¡a pesar de ser de hierro! Sillas de jardín conviven con una estilizada lámpara retropop y una mesa con sobre de madera clara. Los espejos antiguos y los algodones ligeros de las cortinas juegan al doblete moderno-antiguo.

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¿Industrial? No, gracias

En la cocina la anarquía de materiales es evidente. Abunda el acero en encimeras y estantes insinuando una ligera tendencia al look industrial. Sin embargo, el azulejo blanco, el yeso y la piedra en las paredes apaciguan esa frialdad aparente. También se unen en esta labor la madera de los frentes y las vigas del techo.

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Al rojo vivo

La doble altura del salón conduce, a través de unas escaleras vistas, a uno de los dormitorios. Aquí la calidez ha tenido que imponerse al hierro con un color cálido contundente como el rojo que tiñe cojines y edredones. La madera en bruto de la banqueta a los pies de la cama también se suma a la escuela de calor.

Silvia Arenas