Una joya en el Ampurdán

Llegar a Les Hamaques no es fácil. No hay ningún cartel que lo anuncie ni una señal que nos conduzca a su puerta. Es un rincón escondido en medio del bello paisaje ampurdanés, un lugar encantador donde el silencio y la calma campan a sus anchas, y donde la tramontana deja oír su eco los días ventosos.

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Refugio para urbanitas

Sus propietarios, Dominique Joly d’Aussy e Ino Coll, no son lugareños. Es una pareja de profesionales urbanitas que abandonaron el asfalto para disfrutar del campo, de las personas y de un mar cercano. “Dominique es interiorista y diseñador. Yo, periodista y estilista de decoración. Toda mi vida me he dedicado a fotografiar casas magníficas. Esta maison d’hôtes es nuestra pequeña joya. Un lugar de descanso, relajado y decorado a nuestro gusto”, nos cuenta Ino.

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Inspiración muy natural

Toda la decoración de Les Hamaques respira amor por la naturaleza. La casa se abre a un jardín frondoso, apacible y tranquilo, donde sol y sombra se hacen guiños. Un enorme magnolio abraza el patio y se codea con lavanda, hortensias y marquesas, pero también hay limoneros, plantas tropicales… ¡y hamacas!

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Espíritu eco

“Nos encanta la naturaleza. Por eso la casa está totalmente abierta y la luz entra por todas partes. Pero lo natural no solo está fuera, sino también dentro de la casa. Hemos intentado que todo sea ecológico. Los colchones, los somieres, la ropa de cama, las toallas, y la línea cosmética de baño están realizados con materiales naturales. La verdad es que hemos decorado la casa como si fuera para nosotros. Nos encantan las sábanas (son gustosas) y las toallas, pero a nuestros huéspedes también…¡Nos las quieren comprar siempre!”, ríe divertida.

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Contrastes relajados

Paseando por la casa, la decoración sorprende por su mestizaje y su variedad de estilos, pero sobresale un espíritu claramente francés. “Dominique es francés y la casa tiene mucho ese aire afrancesado tan típico de las casas provenzales. Pero también hemos querido que tenga golpes de diseño. Mucho contraste”.
Es cierto, las mezclas son increíbles. Hay piezas vintage, muebles traídos de diferentes mercadillos de antigüedades y objetos de rabioso diseño como las lámparas de Ingo Maurer, Philippe Starck o Noguchi. Y todo ello convive con los diseños de Dominique y las recuperaciones que hace a partir de antigüedades y objetos de brocanter a los que concede una segunda vida.

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Zona neutral

La cromática de toda la casa juega con blancos y neutros. “Queríamos que el ambiente fuera relajante, tranquilo. Y así como hay gente a la que le gusta integrar la naturaleza en el interior, nosotros aislamos el campo. Lo dejamos fuera. Por eso jugamos con blancos, neutros, grises… Todos aquellos colores que, si bien se consideran algo fríos, transmiten calma y tranquilidad. Las habitaciones, también blanquísimas, tienen nombre de flor. Magnolia, Buganvilla, Glicina…”

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Como en casa

Una de nuestras zonas preferidas es el invernadero. Un espacio delicioso, lleno de luz y decorado de una manera muy sencilla. Allí se sirven desayunos y cenas. Por lo demás, la masía es todo confort. “Tratamos que nuestros huéspedes se sientan muy cómodos. Nosotros vivimos al lado y, muchas veces, cuando se van, nos comentan que es como si les hubiéramos prestado nuestra casa, porque la sensación que tienen es la de estar como en casa, muy a gusto”, explica Ino.

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Puro relax

Blanca, auténtica, acogedora y relajante. Un refugio para la calma y un espacio casi secreto. Así es Les Hamaques. Pero, ¿y por qué no hay cartel? “En Francia las maisons d’hôtes no tienen ningún tipo de señal que las anuncie. Son pequeños “secretos” que corren de bouche a oreille. Cuando nos hacen una reserva, enviamos la ruta y damos el código de entrada. Somos un hotel pequeño y nos gusta tratar con exclusividad a nuestros clientes”, dice Ino.

 

Silvia Arenas