Verano en la masía

Brillante, cálido y en ocasiones cegador, el sol del verano entra en esta rehabilitada masía sin necesidad de invitación. Sus rayos abrazan con candor cada pequeño rincón y nos acompañan durante nuestra visita insuflándonos grandes dosis de energía. Su luz ilumina cada uno de nuestros pasos y nos da una nueva visión del color. Y es que él, el sol del verano, tiene la potestad de cambiar el mundo que nos rodea con tan sólo aparecer.

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Buenas vistas

Es el paisaje, y solamente el paisaje, lo que seduce los sentidos. Un golpe de verde entre salvaje y agreste, un golpe de azul celeste escasamente manchado de nubes, el gris espejo de las tranquilas aguas de una piscina natural y, allá donde no alcanza la vista, el horizonte mallorquín que une el cielo y el mar.

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Verano al natural

Dicen que lo mejor del sol es la sombra. Y en este porche la pérgola de cañizo pone freno al sol cuando se pone pesado y da vía libre a la brisa que refresca las tardes de verano. Simple y natural, lo forma un mobiliario sencillo, pero clave. Sofás de obra, mesa y sillas de hierro de los 60 y cojines de Quesada.

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Reinventarse o morir

Más de 100 años ha pasado deshabitada esta masía de cuya rehabilitación se ha ocupado Mª José Calonje con la ayuda de Luisa Montes, de Montes+Múgica. Una verdadera transformación que ha convertido en salón la antigua casa de labranza y las cuadras; en cocina el horno contiguo, y en dormitorio el viejo granero.

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Arte pedreste

La solera pura y dura de los materiales se apodera de todo el salón con una escalera de piedra de marés y planchas de hormigón pulido en el suelo. Por su parte, la mezcla de estilos es esencial: butacas diseño de Lloyd Loom de los 50, lámpara turquesa decó, piezas de almoneda y herencias familiares.

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Dos en uno

Cocina-comedor en un único espacio. Frente a la cocina funcionalmente blanca, el comedor se compone de una mesa de madera de pino de Montes-Múgica y sillas isabelinas de madera de Jacaranda y tapicería de petit pont. Lámparas de Metalarte, vajilla de porcelana de Creil et Montereau, y cubertería de plata del XIX.

Fotos: © Montse Garriga

Estefanía Pérez

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