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Alfombra Naima en un salón

Un salón sin alfombra, igual que sin cortinas, es un salón desnudo. Las alfombras para salón aportan calidez, regalan confort, amortiguan los ruidos, algo a tener muy en cuenta en espacios donde vemos la televisión y nos reunimos con familia y amigos a charlar, y aíslan del frío. Por otro lado, las alfombras también sirven para delimitar los espacios y en los pisos actuales en los que salón, comedor e incluso cocina suelen compartir espacio, zonifican el salón y la separan visualmente del resto de la habitación. 

¿Cuál es la medida ideal para una alfombra de salón? 

Hay que tener mucho cuidado con el tamaño a la hora de elegir una alfombra para el salón. El tamaño es importantísimo para no perder armonía y es que una alfombra muy grande en un espacio pequeño puede hacer que este parezca todavía más pequeño, y una demasiado pequeña, puede generar que la estancia se vea desproporcionada.  

Mide el salón teniendo en cuenta que debe haber espacio libre para abrir las puertas sin que estas se encuentren con el obstáculo de una alfombra. Así sabrás el espacio máximo del que puedes disponer. Luego, lo ideal es, con cinta de pintor, marcar en el suelo dónde querrías colocarla y de qué tamaño te gustaría. Una vez hecho esto, aléjate y mira todo el espacio en conjunto. Te darás cuenta de si necesitas que sea más pequeña o puedes incluso ponerla más grande. Es un truco que funciona. 

La forma de la alfombra también es crucial. Hay que elegirla en armonía con el ambiente. Si el salón es alargado, le irá bien una alfombra alargada y si es cuadrado, una más cuadrada. También se puede jugar con alfombras redondas o de formas irregulares si lo que se busca es dar un toque de originalidad. 

¿Cómo colocar la alfombra para el salón?  

  • ¿El sofá está apoyado en la pared? Elige una alfombra algo más ancha que tu sofá y colócala de tal manera que las patas delanteras de este (y de las sillones, si las tienes) se apoyen sobre ella.  
  • ¿El sofá está en el centro de la sala? Elige una alfombra que “recoja” todas las piezas principales de la sala de estar, es decir, tanto el sofá como los sillones y los pufs deberán quedar dentro de la alfombra con todas sus patas sobre ella, como si fuera un escenario. 
  • ¿También quieres una alfombra en el comedor? Si en tu salón comparten espacio la sala de estar y el comedor, y también quieres decorar este con una alfombra, lo ideal es que esta ocupe tanto como para cubrir el suelo incluso cuando las sillas estén retiradas de la mesa.

Nuestro consejo: mide la mesa y suma 60-70 cm a cada lado. Ese será el tamaño mínimo de tu alfombra (y el máximo, que no llegue a la pared). Y otro detalle a tener en cuenta: la forma de la alfombra debe ser la misma que la de la mesa para que el conjunto quede armonioso. 

¿De qué material elegir mi alfombra para el salón?  

  1. Lana

    Son perfectas como alfombras para salón. Son muy confortables y muy suaves al tacto. Eso sí, son muy delicadas.

  2. Fibras naturales

    Más económicas que las de lana, aportan frescor en verano y calidez en invierno.

  3. Algodón

    Muy prácticas a la hora de mantener la limpieza, son frescas y crean ambientes más jóvenes y menos “señoriales” que las de lana.

  4. Sintéticas

    No se estropean tan fácilmente como el resto porque resisten bien tanto la humedad como el sol. Y son muy fáciles de mantener. Como la lana, aportan una mayor calidez para otoño e invierno.

Ten en cuenta que existen alfombras con tratamientos antimanchas específicos que las hacen mucho más resistentes y más fáciles de mantener.   

¿Alfombras para salón lisas o estampadas?  

Las alfombras para el salón lisas siempre serán más fáciles de combinar con el resto de muebles. Más todavía si su color es neutro (beige, arena, gris claro…), que va con todo. Y, por otro lado, ocupan menos visualmente en el espacio, lo que hace que este se vea más airoso y amplio. Sin embargo, pierden la fuerza decorativa que tienen las alfombras estampadas, que crean espacios mucho más personales. 

Trucos para mantener las alfombras limpias  

  • Manchas húmedas: absorbe el líquido con un algodón. 
  • Manchas secas: rasca con una cuchara y luego aspira los restos. 
  • Manchas oscuras (de café, chocolate…): vierte un poco de agua oxigenada encima, deja que actúe 15 minutos y luego retíralo todo con un trapo húmedo. 
  • Manchas claras: puedes usar vinagre blanco diluyendo 50 ml en un vaso de agua. Lo viertes sobre la mancha, dejas actuar la mezcla unos minutos y luego frotas con un cepillo para retirar los restos de la mancha. Una vez hayas acabado, pasas un trapo húmedo, aspiras ¡y llisto! 
  • Manchas rebeldes: haz la misma operación que con el vinagre blanco pero con amoníaco.  
  • Malos olores: cuando el problema es que la alfombra huele mal, un truco natural es utilizar sal. ¿Cómo? Primero debes aspirar la alfombra y luego cubrirla por completo con sal de cocinar. Una vez hecho esto, la enrollas con cuidado apretándola bien y la dejas reposar toda una noche. Al día siguiente, la desenrollas, pasas la aspiradora para retirar los restos de sal ¡y adiós malos olores!